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La Ética Incómoda en Consultoría

    El valor de decir lo que nadie quiere decir

    Cuando se habla de ética en consultoría, lo primero que suele venir a la mente es la confidencialidad, el cumplimiento de contratos o el manejo responsable de la información. Todo eso es importante. Pero en THO creemos que la verdadera ética va más allá del manual de estilo: se juega en el coraje de decir lo que nadie quiere escuchar.

    ¿Para qué sirve una consultoría si no está dispuesta a incomodar?
    ¿De qué sirve tener diagnósticos, planes y recomendaciones si se maquillan para no molestar a nadie?

    La ética, en este oficio, no es una zona cómoda. Es un ejercicio incómodo de sinceridad profesional.


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    La tentación de complacer

    Todo consultor ha estado ahí. Frente a un cliente que no quiere ver lo que es evidente. Frente a una organización que prefiere sostener sus mitos antes que asumir sus quiebres. Frente a un equipo que espera que validemos lo que ya decidieron, no que lo cuestionemos.

    Es fácil caer en el rol del animador: sonriente, diplomático, afirmativo.
    Pero cuando el consultor solo busca agradar, deja de ser útil.

    Una consultoría que nunca incomoda, nunca transforma.


    Consultar no es servir para agradar

    En THO, entendemos la consultoría como un ejercicio profundo de escucha, análisis y acompañamiento. Pero también como un espacio donde se sostienen tensiones. Nuestro trabajo no es eliminar los conflictos, sino ayudar a enfrentarlos de manera responsable.

    La verdadera ética en consultoría implica:

    • Nombrar lo innombrable: decir lo que nadie más está diciendo, incluso si molesta.
    • Sostener la tensión: no huir del conflicto, sino canalizarlo hacia aprendizajes o decisiones.
    • Cuidar sin callar: proteger la relación con el cliente sin sacrificar la verdad.

    No se trata de ir a la guerra, ni de imponer un punto de vista. Se trata de hacer las preguntas correctas y no suavizar las respuestas necesarias.


    El costo de callar

    Callar por comodidad tiene un costo: proyectos que no avanzan, diagnósticos que no sirven, cambios que nunca llegan. Y lo peor: organizaciones que se convencen de que están bien solo porque nadie se atreve a decirles lo contrario.

    Callar puede ser más violento que incomodar.

    Por eso, creemos que el valor de un buen consultor no está en evitar el conflicto, sino en saber sostenerlo. Con respeto, con datos, con humanidad… pero también con firmeza.


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    Un ejemplo concreto

    Imagina que acompañamos a una organización en su proceso de cambio cultural. Hacemos entrevistas, grupos focales, revisamos sus estructuras. Detectamos patrones de miedo al liderazgo, informalidad en la toma de decisiones, y una cultura que premia el silencio por sobre la participación.

    Y al presentar esto, alguien dice:

    “No lo pongamos así. ¿No podríamos decirlo de forma más positiva?”

    Ahí se juega nuestra ética.
    Podemos suavizarlo, esconderlo en frases neutras, usar eufemismos.
    O podemos asumir el rol incómodo de decir:

    “Esto es lo que está pasando. Ignorarlo sería irresponsable.”


    La ética no es una postura: es una práctica

    Ser ético no es firmar un código de principios ni tener buena fama.
    Ser ético es una práctica constante. Una que, en consultoría, se traduce en conversaciones difíciles, en decisiones impopulares, en verdades que duelen. Pero también en transformaciones que sí valen la pena.


    En resumen

    La ética en consultoría no se mide por la comodidad del cliente, sino por el impacto del proceso.
    La confianza real no se gana complaciendo, sino siendo valiente, claro y justo.

    Si tu consultor siempre te da la razón…
    … no tienes un consultor.
    Tienes un animador.

    ¿Te interesa trabajar con alguien que no te diga lo que quieres oír, sino lo que necesitas saber?
    En THO nos especializamos en acompañar procesos que requieren coraje, no maquillaje.

    hola@tho.cl