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La gestión de riesgos en consultoría

    ¿Se puede hacer consultoría sin gestión de riesgo?

    En consultoría se habla mucho de estrategias, planes y resultados. Lo que casi nunca se dice es que todas esas promesas se sostienen sobre algo menos visible, pero mucho más decisivo: la gestión de riesgos.

    Esta es la primera entrada en nuestra serie «Los Pilares de la Consultoría» y partimos por la gestión de riesgos ya que anticipar escenarios adversos no es pesimismo, es la única forma de asegurar continuidad, confianza y resultados reales en los proyectos. Quien no lo hace, está jugando a la improvisación y hacer esto puede costarnos caro.


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    Riesgo no es rumor

    Un riesgo no es un hecho confirmado ni un chisme. Es una posibilidad que debe considerarse con seriedad, porque ignorarlo puede costar caro. No se trata de anticipar caos ni catástrofes, pero sí de ser tajantes con las medidas que se toman. ¿Es probable que algo haga peligrar nuestra estrategia? ¿tenemos maneras de contrarrestar estos riesgos?

    La diferencia es clara:

    • Advertir un riesgo es una práctica profesional.
    • Difundir un rumor es irresponsabilidad.

    La consultoría seria no se dedica a correr detrás de supuestas certezas, sino a identificar escenarios probables y preparar a sus clientes para enfrentarlos. Si no hay alternativas, no tienes una estrategia real.


    Los riesgos que derriban proyectos

    No todos los riesgos son iguales, pero la experiencia muestra cuáles son los que más golpean a empresas y comunidades:

    • Financieros: continuidad de proveedores, solvencia de socios estratégicos.
    • Operacionales: rotación de personal clave, interrupciones logísticas.
    • Sociales: conflictos comunitarios, pérdida de licencia social para operar.
    • Reputacionales: decisiones mal comunicadas que destruyen confianza en minutos.

    Ignorar cualquiera de estos frentes es dejar la estrategia con grietas que tarde o temprano se abren. La idea no es gestionar crisis, sino que estas no ocurran. Y aún si ocurren, saber qué hacer.


    Buenas prácticas que separan la improvisación de la consultoría seria

    • Mapeo inicial: detectar “puntos ciegos” desde el arranque.
    • Planes de continuidad: garantizar que, pase lo que pase, el cliente no quede a medias.
    • Comunicación transparente: explicar riesgos como escenarios posibles, no como verdades absolutas.
    • Actualización constante: porque los riesgos cambian, cambia la gestión de riesgo.

    Lo invisible que marca la diferencia

    La mayoría de las consultorías se concentran en «entregar entregables». Las que realmente marcan diferencia acompañan a sus clientes pensando en el largo plazo. No se trata sólo de KPIs ni de OKRs, sino de anticipar problemas y estar preparado para lo que puede ser inevitable.

    La gestión de riesgos no es un check list: es lo que asegura que todo lo demás tenga sentido. Sin eso, el discurso se desarma en el primer temblor. Si no eres capaz de visualizar riesgos, es probable que no seas tan experto en la materia.


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    La consultoría que no incorpora gestión de riesgos está condenada a improvisar. Y la improvisación, en contextos sociales complejos, cuesta demasiado.

    Nuestro compromiso es claro: acompañar a organizaciones y comunidades no solo en lo que ven hoy, sino en lo que podrían enfrentar mañana.

    Porque la confianza no se gana prometiendo lo evidente, sino anticipando lo que otros prefieren no mirar.

    ¿Hablemos? hola@tho.cl