Elaborar un reporte de sostenibilidad requiere bastante más que reunir las iniciativas ambientales y sociales realizadas durante el año. Un buen reporte permite explicar cómo una organización comprende sus impactos, identifica riesgos y oportunidades, establece prioridades y mide su desempeño ambiental, social y de gobernanza.
Por eso, el trabajo no debería comenzar escribiendo el documento.
Debería comenzar mucho antes: definiendo qué necesitamos reportar, para quién y con qué información podemos demostrarlo.
Esta guía explica las principales etapas para elaborar un reporte de sostenibilidad y algunas de las decisiones que una organización debería tomar antes de publicar sus resultados.
¿Qué es un reporte de sostenibilidad?
Un reporte de sostenibilidad es un instrumento mediante el cual una organización comunica información sobre su desempeño ambiental, social y de gobernanza (ESG o ASG), sus impactos y, dependiendo del estándar utilizado, los riesgos y oportunidades de sostenibilidad que pueden afectar al negocio.
Puede incluir información sobre cambio climático, consumo de recursos, personas, diversidad, seguridad laboral, comunidades, proveedores, ética, gobernanza y otros asuntos relevantes.
Pero un buen reporte no debería ser un inventario de actividades.
Decir que se realizaron 20 actividades comunitarias, por ejemplo, describe qué hizo la organización. No necesariamente explica qué resultados produjo, qué aprendió de esas actividades o qué riesgos está gestionando mediante ellas.
Esa diferencia entre actividad, resultado e impacto es fundamental.
1. Define para qué vas a reportar
Antes de seleccionar indicadores, es necesario establecer el objetivo del reporte.
¿Buscamos transparentar nuestros impactos?
¿Responder a inversionistas?
¿Cumplir una obligación regulatoria?
¿Ordenar internamente nuestra gestión ESG?
¿Comunicar avances a trabajadores, comunidades, clientes u otros grupos de interés?
La respuesta determina buena parte de lo que viene después.
También influirá en el estándar de reportabilidad que corresponda utilizar. Marcos como GRI ponen especial atención en los impactos de la organización sobre la economía, las personas y el medioambiente. Los estándares NIIF S1 y S2, en cambio, incorporan una perspectiva orientada a riesgos y oportunidades de sostenibilidad relevantes para las decisiones financieras.
Por eso, elegir un estándar antes de comprender el propósito del reporte puede llevar a recopilar mucha información que después no responde las preguntas importantes.
2. Identifica tus grupos de interés
Una empresa no existe aislada.
Trabajadores, proveedores, clientes, comunidades, autoridades, inversionistas y organizaciones sociales pueden experimentar los impactos de sus decisiones o influir sobre su capacidad para alcanzar sus objetivos.
Por eso, una etapa fundamental consiste en identificar y caracterizar los grupos de interés o stakeholders.
Pero hacer un mapa de stakeholders no consiste únicamente en escribir nombres alrededor de la empresa.
Es necesario comprender, entre otras cosas:
- qué relación tienen con la organización;
- cuáles son sus principales intereses y preocupaciones;
- qué capacidad tienen para afectar o ser afectados por sus decisiones;
- qué mecanismos de participación o comunicación existen;
- y qué información relevante pueden aportar al proceso.
Esta etapa será especialmente importante cuando avancemos hacia el análisis de materialidad.
3. Realiza un análisis de materialidad
Una empresa podría reportar cientos de indicadores.
No significa que todos sean igualmente importantes.
El análisis de materialidad permite identificar aquellos asuntos de sostenibilidad que requieren mayor atención según los impactos, riesgos, oportunidades y criterios establecidos por el marco utilizado.
Aquí pueden aparecer temas como:
cambio climático, seguridad laboral, diversidad, ética empresarial, gestión de proveedores, derechos humanos, relacionamiento comunitario, consumo de agua o gobernanza.
El objetivo es priorizar.
Un reporte que intenta hablar de absolutamente todo puede terminar explicando muy poco sobre aquello que realmente importa.
Además, es importante distinguir entre diferentes perspectivas de materialidad. Un tema puede ser relevante por el impacto que genera la organización sobre las personas o el medioambiente y también puede ser relevante porque representa un riesgo u oportunidad financiera para la propia organización.
Son preguntas relacionadas, pero no idénticas.
4. Define indicadores
Una vez establecidos los asuntos materiales, debemos decidir cómo vamos a medirlos.
Y aquí aparece uno de los problemas más frecuentes de la reportabilidad ESG: confundir actividad con desempeño.
Imaginemos el área comunitaria.
Podemos medir:
Actividad: número de reuniones realizadas.
Resultado: porcentaje de compromisos cumplidos.
Percepción: nivel de confianza de los actores territoriales.
Impacto: cambios producidos en una determinada dimensión social.
Riesgo: exposición de la operación frente a deterioros significativos de la relación comunitaria.
Todos entregan información distinta.
Lo mismo ocurre en personas, medioambiente, proveedores o gobernanza.
Por eso, construir buenos indicadores exige preguntarse primero qué queremos conocer, y solo después definir qué dato necesitamos.
5. Levanta y ordena la información
Esta suele ser una de las etapas más difíciles.
La información necesaria para elaborar un reporte rara vez se encuentra en un solo lugar.
Finanzas puede tener algunos datos.
Recursos Humanos otros.
Operaciones otros.
Sostenibilidad otros.
Relacionamiento comunitario otros.
Y algunos probablemente todavía no existen.
Por eso, elaborar un reporte también permite detectar algo extremadamente valioso: las brechas de información de la organización.
Para cada indicador debería existir claridad sobre su fuente, responsable, periodicidad, metodología de cálculo y evidencia disponible.
Esto permite mejorar la trazabilidad y evita que el reporte dependa cada año de búsquedas manuales o interpretaciones diferentes.
6. Analiza antes de redactar
Tener los datos no significa tener el reporte.
El siguiente paso consiste en interpretarlos.
¿Qué mejoró?
¿Qué empeoró?
¿Dónde existen brechas?
¿Qué compromisos anteriores se cumplieron?
¿Cuáles siguen pendientes?
¿Aparecieron nuevos riesgos?
Un reporte creíble no debería esconder automáticamente los resultados incómodos.
La sostenibilidad también implica reconocer brechas y explicar cómo serán abordadas.
Un documento donde absolutamente todos los indicadores mejoran todos los años puede ser atractivo comunicacionalmente, pero probablemente generará preguntas sobre la profundidad del análisis.
7. Redacta el reporte
Recién ahora comienza la escritura.
La estructura dependerá del estándar y las necesidades de cada organización, pero debería permitir comprender con claridad:
- quién es la organización;
- cómo gobierna la sostenibilidad;
- cuáles son sus asuntos materiales;
- qué objetivos y compromisos ha establecido;
- qué indicadores utiliza;
- cuáles fueron sus resultados;
- qué riesgos y oportunidades identifica;
- y qué desafíos quedan pendientes.
El diseño importa.
Pero la trazabilidad importa más.
Cada afirmación relevante debería poder conectarse con información verificable.
8. Valida la información
Antes de publicar, los datos deben revisarse con las áreas responsables.
Finanzas debería reconocer sus cifras.
Personas debería reconocer las suyas.
Operaciones también.
Y lo mismo debería ocurrir con sostenibilidad y las demás unidades involucradas.
Esta validación interna es particularmente importante porque la reportabilidad ESG está avanzando hacia mayores niveles de exigencia, consistencia y aseguramiento.
Un reporte de sostenibilidad no debería ser responsabilidad exclusiva del área de sostenibilidad.
Es un producto organizacional.
9. Publica, escucha y vuelve a medir
Publicar el documento no termina el proceso.
El reporte también puede transformarse en una herramienta para conversar con grupos de interés, identificar nuevas brechas y establecer prioridades para el siguiente período.
Ahí aparece el verdadero valor de reportar.
La secuencia debería funcionar aproximadamente así:
medir → comprender → decidir → gestionar → volver a medir.
Cuando ocurre lo contrario y una organización comienza preguntándose “¿qué podemos poner en el reporte?”, probablemente está utilizando la reportabilidad principalmente como comunicación.
¿Cuánto tiempo toma elaborar un reporte de sostenibilidad?
No existe una duración universal.
Dependerá del tamaño de la organización, el estándar utilizado, la disponibilidad de información, la madurez de sus sistemas internos y si ya existe un proceso de materialidad.
Una empresa que reporta por primera vez probablemente necesitará invertir una parte importante del proceso en construir capacidades que después podrán reutilizarse.
Y eso no necesariamente es una mala noticia.
El primer reporte puede revelar dónde faltan indicadores, qué áreas necesitan conversar entre sí, qué riesgos no estaban siendo observados y qué decisiones todavía no cuentan con suficiente evidencia.
Un buen reporte debería mejorar la gestión
El reporte final importa.
Pero quizás el producto más valioso sea todo lo que ocurre antes de publicarlo.
Una organización que realiza seriamente este proceso termina con una mejor comprensión de sus stakeholders, impactos, riesgos, indicadores y brechas de gestión.
Por eso, la pregunta más interesante no es solamente:
¿Cómo hacemos nuestro reporte de sostenibilidad?
Es también:
¿Tenemos una organización capaz de producir la información que ese reporte debería contener?
Cuando la respuesta es sí, reportar deja de ser un ejercicio comunicacional.
Se convierte en una herramienta de gestión.
